sábado, 9 de mayo de 2015

Díselo sin miedo…



- Hoy Domingo, no he ido a misa…

- ¿Y?... Lo habrás comentado con Dios ¿no?

- ¡Siempre estás con las mismas historias…! ¡Pues claro que no, como que es tan fácil!

- Simplísimo, se lo dices y ya… Pero ten cuidado al cruzar de acera. ¡Vamos a ver! Tú por quien vas a misa por Dios o por ti…

- Pues porque hay que ir, ¡es un pecado no aparecer en Domingos y fiestas de guardar!

- ¡Jesús, María y José!, ¿qué tú vas a misa por Dios?

- A ver, noo, si te parece…

- ¡Pues no, no me parece! Tú vas a misa por TI. Dios no te necesita para nada, pero “nazin de nazin” aunque te quiera horrores; pero tú a Él sí. Ufff, yo no sé cómo hacer entender que la misa no se celebra para Dios, sino para ti de parte de Dios. Te entrega su Cuerpo y Sangre para aumentar tu fe y por si las moscas…  

Dios, el pobrecico, tampoco sabe ya cómo decirles que en sus Palabras está tu salvación. ¡Gratis lo hace solo por ti!, que no te enteras… 
  
Desde luego ante esta perspectiva, mejor pensar que estamos “obligados”, porque si no, más de uno se habría ido “pal otro lado”, con eso de que creemos que nunca nos va a tocar y… ¡Hala! accidente de moto, aéreo, coche, un infarto... (Cuando estamos activos, nos pilla casi siempre con el carrito del helado, ¡vamos, vamos!)

Todo absolutamente lo hace por el continuo peligro al que estamos abocados y más nos vale “marcharnos de aquí”, estando a un piñón con Él.

Yo, cuando no he podido se lo he dicho para que me proteja hasta que pueda ir, es muy muy importante. Después en confesión lo he contado, pues las manos Consagradas con el Espíritu de Dios en mi ser, es algo mágico, como si saliera de una santa lavadora.   

También hay que ir para glorificarle, ¡no es para menos después de todo lo que hizo! Y a la vez me diga ese día, la frase o palabra especial necesaria que me hará “run run” en la cabeza y que es “diferente” para cada uno de nosotros. Sí le escuchas, lo sabrás. 

Ya sabes, cuando no puedas ir, díselo sin miedo; Él siempre espera. La pena sería poder ir y no escucharle…

    
Emma Díez Lobo

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