martes, 7 de marzo de 2017

No a la idolatría del dinero



                                     Vigilar la relación con lo material... (Mateo 6, 24-34)

Este pasaje del evangelio es enormemente actual, porque vivimos en una sociedad consumista que nos empuja a preocuparnos en demasía por los bienes materiales. La inquietud desproporcionada, la preocupación obsesiva, el agobio por lo material, la ansiedad por el futuro, son males que nos azotan y ante los cuales podemos cuestionarnos hoy. 

Los discípulos no se preocupan por lo superfluo, sino por los bienes básicos que necesitan para subsistir: el alimento y el vestido. Jesús sabe que necesitan todo eso, pero quiere que sitúen toda necesidad en el preciso lugar dentro de su escala de valores. De este modo alerta contra la tendencia del ser humano a asegurar la propia vida, tendencia que conduce a la inquietud, la ansiedad, la obsesión, la preocupación excesiva. No les invita a dejar de comer, ni a convertirse en holgazanes, sino a vigilar su relación con lo material, incluso con los bienes básicos. 

Jesús emplea imágenes sacadas del ámbito de la experiencia cotidiana. Todas ellas constatan lo evidente: un campesino de la época, acostumbrado a segar y a sembrar, sabía que las aves no poseían graneros propios; una mujer, acostumbrada a hilar, comprendería perfectamente que los lirios no se afanan tejiendo sus vestidos. La experiencia y la lectura de las Escrituras les habían enseñado que los días de la vida estaban contados (Ecl 6,12) y que nadie podía añadir una sola hora más a su existencia (Mt 6,27). Con estas imágenes Jesús dice a sus discípulos que no se agobien por lo material, porque es una preocupación estéril. Además, les exhorta a desplegar una confianza sin límites.

 Los discípulos han de poner su confianza absoluta en el Padre celestial, porque Él sabe lo que necesitan aún antes de pedirlo. Es aquí donde Jesús sitúa la novedad de su enseñanza. Dice a sus discípulos que es saludable no angustiarse por lo material, porque no controlamos el futuro. En cambio, ese futuro está sometido a un Dios providente que se preocupa de todo lo creado y más aún de sus hijos. El Padre, que conoce toda necesidad, proveerá, incluso sin necesidad de pedírselo. Ahora bien, este Señor exige dedicación exclusiva, libre de la preocupación agobiante por cualquier tipo de bienes y liberada de todo señor que no sea el Padre celestial.


(Ed. Verbo Divino)

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